miércoles, 26 de abril de 2017

CLOWN Y TONTX ANCESTRAL

El clown suele estar más cerca de su propia esencia, que la mayoría de la sociedad. Nos recuerda quiénes somos, cómo somos, cómo vivimos...
Parte de nuestra esencia verdadera, es que somos tontxs, porque por mucho personaje, construcción, apariencia, discurso, ego, dogmas, teorías, postureos...realmente sabemos muy poco de qué trata esta compleja existencia en este complejo mundo, al cual llegamos sin manual de instrucciones.
El clown suelta todo eso y se desnuda. Tiene el poder de la vulnerabilidad, de la honestidad, del ridículo...eso que la mayoría de la gente trata de evitar, pero que forma parte de nosotrxs, y que es hermoso. De hecho tiene algo de poético. Esa parte nuestra que no queremos que los demás vean, por la sencilla razón de que nosotrxs no la aceptamos. Significa que no nos aceptamos en nuestra totalidad. Preferimos parapetarnos con construcciones o creencias, dentro de una apariencia que nos defina, intentando hacer una versión, más o menos exitosa, de cara al escaparate y a nosotrxs mismxs... Nos aterra que lxs demás descubran nuestra vulnerabilidad, nuestro ridículo.
SALTANDO AL VACÍO
Pero llega el clown y nos acerca a nuestro TONTX ANCESTRAL, que tiene que ver con una esencia verdadera del ser humano. Muchas veces nos resistimos y decimos que el clown es tonto (despectivamente) o sólo para niñxs. Como si lxs adultos ya no fueran niñxs o fueran muy listos. Jajaja. 
La cuestión es que para hacer clown de una manera verdadera (porque ser clown no es simplemente ponerse una nariz roja), no basta con hacer el/la tontx, sino ser tu tontx, reconocer y conectarte con tu tontx de verdad, y ésto suele ser lo más difícil. Requiere atravesar todas las construcciones impuestas y adquiridas, soltar mucho y mucha honestidad. Tener el coraje de desnudarse y saltar al vacío.
Darme cuenta y aceptar que soy tonto, me hace mucho bien y más listo. Si no, basta con pensar en lo inteligente y acertado que es a veces "hacerse el tonto". Yo soy tonto.


miércoles, 5 de febrero de 2014

Clown y Revolución Interna

"El ahora de ahora; el mío, el tuyo, el del público..."

Cuando sales al escenario preocupadx por hacerlo bien,  no estás en el presente y es difícil que se produzca la magia, o mejor dicho, que la percibas. Como en la vida.

Tus emociones pueden ser tu material creativo, también las consideradas como "negativas", como el miedo o la rabia. Sea cual sea, puedes detectarla y entregársela a tu clown, para que juegue con ella, por ejemplo, a través de la exageración. Puede ocurrir que la emoción se diluya, que de je de invadirnos y que la podamos gestionar. Observamos y abrazamos la emoción y así tomamos las riendas. Aquí hay un valor terapéutico. Tu honestidad, como un trampolín para entrar en el flujo creativo.

¿Qué espera el público de un escenario? Humanidad. Que desees, que sientas, que hagas, que vayas, que arriesgues, que juegues. Que le hagas de espejo con tus éxitos y fracasos. Que le invites a entrar a tu mundo de las pequeñas cosas. Que percibas, que generes y compartas la magia. Que fluyas. Que te desnudes para verse en ti. Que seas verdad. Y el escenario es un óptimo lugar para practicar todo eso. Quitarse del medio. Olvidarse de unx mismx y observar el mundo, pasando a ser forma de un todo sublime al cual pertenecemos todxs. Desaparecer para estar más presente. Quitarse la máscara propia para ponerse las que se quieran, como una vez dijo mi amigo Jonàs Gnana.
Para mi, lo ideal, cuando público y clown, disfrutan juntos el mismo juego;  comparten el mismo presente. Y así cada vez, ponemos nuestro granito de arena, para que ese momento, en el que la percepción está más abierta y estamos presentes, sea la norma de la vida cotidiana en lugar de ser un momento excepcional. Para que tu mundo, nuestro mundo, sea cada vez más bonito. Es una auténtica revolución ;o)

lunes, 4 de marzo de 2013

El Clown transmite Libertad


El clown nos acerca a nuestra parte más auténtica, primaria, sincera, espontánea, libre...
Vive entregado al presente, juega con él, siente al máximo...es un apasionado de la vida.
Su práctica ayuda a derribar la propia máscara, a conectarnos con nuestra esencia y con el entorno, a perder el miedo y a reírnos de nosotrxs mismxs. Además desarrolla la capacidad lúdica, de imaginación y de improvisación.
El clown está en constante transformación. Recrea el éxito y acepta el fracaso como herramienta de aprendizaje; el error es un elemento motivador. No sólo acepta el fracaso sino que lo multiplica ante la mirada del público; lo conviete en cómplice de su vulnerabilidad. Para hace falta soltar mucho y mucha honestidad.

Y sobre todo, juega, desde que aparece. El clown transmite libertad.
No controlar desde la mente lo que se va a hacer, improvisar, deja que se te vaya la cabeza, estar en el cuerpo, observar, escuchar, respirar, instalarse en el presente. Lanzarse al vacío. Confíar, ser un canal. Y compartir.

 Encontrarte con tu payasx es encontrarte contigo, abriéndote, desnudándote, descubriéndote en tu esencia, mostrando y compartiendo tus emociones, comunicando desde la complicidad, empatizando con el público e iluminándolo con tu luz.
“Cuando estás en escena estás en la luz y todos los que están ahí mirándote se hallan en la oscuridad. Eres un privilegiado por estar en la luz y tu obligación es la de iluminar a los que no son tan afortunados como tú”, Philippe Gaulier.

A través del clown, conectamos con buestrx niñx internx, con el artista y creador que somos. 

 

lunes, 26 de diciembre de 2011

El clown. Por qué su práctica es sanadora.

Una de las constantes vitales del clown, es el amor. Quiere amar. Viene a amar. Directa o veladamente, no lo puede evitar. Él no inventa el amor. Lo respira. Busca la mirada y la atención de lxs otrxs, para compartir ese milagro constante que es la vida. Por eso al clown le cuesta abandonar el escenario: no sabe cómo de grande será el vacío, la soledad, detrás del telón, sin el público.
Invita a la complicidad, al juego, y comparte con mucha generosidad todo lo que le pasa.
Recibe, se afecta, comparte, reacciona, comparte. Comparte, comparte y comparte. Con el público, sin soltarlo.
Mira a los ojos y expresa sus emociones a través de la mirada. Es transparente; no podría ocultarlas, aunque lo intentara; siempre las vive intensamente.
Tiene mucha curiosidad por todo lo que le rodea. Es difícil que un clown se aburra. Siempre está haciendo cosas, y entregado a ellas. Si sólo está descansando, descansa en su máxima intensidad. Tal intensidad puede provocar que pasen otras cosas, incluso problemas que hay que solucionar. Un problema implica una solución, lo cual implica una acción, lo cual implica un juego; una oportunidad. Actúa más que piensa. Y como hace muchas cosas, se equivoca y fracasa a menudo. Cuando las cosas le salen bien, recrea el éxito. Cuando fracasa, lo acepta, sin quedarse atrapado en el fracaso, en el pasado (porque el presente, la vida, sigue su curso), sino que le sirve de estímulo para seguir adelante, seguir descubriendo. Conectar con nuestro fracaso, nos conecta con nuestro tonto ancestral.
Como vive el presente intensamente, entra con facilidad en el infinito mundo de las pequeñas cosas. Crea universos.
Tiene mucha disposición y capacidad para el juego. Podría pasarse la vida jugando. La vida puede ser como un gran parque temático de infinitos y diversos juegos.
Es un adulto que no olvida y no oculta el niño que sigue siendo.
Vive al margen de las normas y convenciones sociales. Nos indica que todo puede ser de otra manera; cuestiona constantemente la realidad consensuada. Tiene su propia lógica, que choca con la lógica del mundo en el que vive, aunque suele estar más cerca de su propia esencia que la mayoría de la sociedad. Es auténtico.
No tiene sentido del ridículo. Es ingenuo. Las cosas, las situaciones, las personas, simplemente le provocan diferentes emociones. Todo es inspiración.
Acepta todo, incluso su muerte, la cual compartiría con complicidad y generosidad. Como un ritualUno no se muere todos los días.
Celebra cada instante, ya sea a través del juego, de la emoción, del compartir.
El clown es honesto, no contempla otro modo. Se desnuda. Y en esta desnudez, se convierte en un espejo de los demás.